jueves, 30 de agosto de 2012

Estimado señor Carlos A. Montaner:

VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL


Usted se ha ganado un merecido respeto como analista y opinador sobre temas de Latinoamérica y el mundo. Sus artículos son leídos por más de 6 millones de personas en decenas de países. Ha sido un tenaz oponente a la dictadura marxista que asola su patria, Cuba, desde hace más de medio siglo. Su libro Manual del perfecto idiota latinoamericano debe ser lectura obligatoria de todos los que en política quieren comprender la complejidad de los paradigmas que gravitan sobre nuestra amada región. Por todo eso lo respeto. Pero usted se equivocó. 

Usted, en un artículo de prensa titulado "Chávez y la trampa que se avecina" hace afirmaciones sobre las elecciones venezolanas que algunos podrían tildar de aventureras, yo me conformo con decir que son ligeras. Veamos: Usted dice que una encuestadora venezolana extremadamente fiable arroja un empate técnico entre Henrique Capriles y Hugo Chávez. Cierto. 

jueves, 16 de agosto de 2012

La semilla de su propia destrucción

VICENTE DÍAZ 
EL NACIONAL


El cerebro humano está diseñado para resolver problemas. Por eso es tan difícil poner la mente en blanco, necesita estímulo permanente. Un cerebro sin problemas se los inventa. Por eso la felicidad es intrínsecamente temporal. Sólo dejamos de resolver problemas con la muerte. Y esa potencia y concentración en la resolución de problemas nos ha hecho los reyes de la creación. 

Estamos a punto de desentrañar las leyes últimas del cosmos y ya nos aprestamos a conquistar otros mundos. Pero esa pulsión a resolver problemas es también una especie de maldición. Nos ha hecho inconformes. Siempre queremos más: los atletas nuevos récords, los escritores nuevos libros, los amantes más amor, los científicos más conocimiento, los empresarios más clientes, los trabajadores más beneficios. 

jueves, 2 de agosto de 2012

El secreto del voto

VICENTE DÍAZ 
EL NACIONAL


El voto es secreto. Siempre lo ha sido. Siempre lo será. Eso lo sabe todo el que ha votado. Nunca ha aparecido alguien que haya dicho que supieron por quién había votado o que tuvo alguna consecuencia derivada de la pérdida del anonimato de su voto. 

El voto secreto es uno de los pilares de la vida democrática. Un voto no secreto no es un voto libre, y una democracia no es tal si el voto no es libre. En nuestro país el voto es secreto. Sin embargo, hay quienes tienen temores. Son temores infundados. Pero son temores. 

Origen de los temores. Uno es la mal llamada lista Tascón. Mucha gente denunció la atroz persecución de la que fue víctima. Hubo altos funcionarios del Gobierno, que inclusive la justificaron; el propio Presidente la mandó a enterrar luego de un buen tiempo. Pero esa lista no fue el resultado de votos, sino de las firmas que presentaron millones de ciudadanos para activar el referéndum revocatorio de 2004. Nunca pudo surgir de votos, porque el voto es secreto. No obstante, como el picado de culebra cuando ve bejuco brinca, hay gente que le teme a cualquier cosa que venga del CNE por esa lista desgraciada. De ese temor se aprovechan algunos funcionarios, verdaderos delincuentes electorales, que reúnen a sus subordinados para amenazarlos con consecuencias terribles si se "equivocan" al votar. 

Afortunadamente cada vez menos caen en la trampa. Y la otra fuente del temor es el uso de las máquinas captahuellas en el proceso electoral. Esas máquinas colocadas para certificar la identidad del elector generaron tanto temor en 2005 que ahuyentaron a todos los partidos de oposición de aquella elección, y apenas dos electores de cada diez fueron a votar en las parlamentarias. Lecciones aprendidas. Con los resultados de esa abstención monstruosa comienzan las lecciones. 

La opción oficialista logró su mayor triunfo histórico: conquistó 100% del Parlamento y con eso el partido de gobierno pudo designar al CNE, al TSJ, al fiscal, al contralor y a la defensora del Pueblo, a su buen saber y entender. Lección número uno, la del Gobierno: el miedo a las captahuellas espanta electores, ganan más y mejor. 

La oposición, en consecuencia, sufrió su peor derrota histórica derivada de esa abstención, de ese miedo. Lección número dos, la de la oposición: el miedo a las captahuellas espanta electores, pierden más y peor. Sin embargo, la lección más importante vino después. La aprendieron los electores. Descubrieron que era paja, que las captahuellas no revelan nada, que identifican que uno es uno y ya. Votaron en esa elección y en 2006, en 2007, en 2008, en 2009 y en 2010. Nunca a nadie le pasó nada como consecuencia de su voto, por una razón simple: porque es secreto. Así ha sido, así será. Ahora el CNE maximizó el uso de las captahuellas. 

Ya no estarán en 8, sino en los 24 estados, y estarán en cada mesa. Pero ya no asustan. Siempre habrá algunos que intentarán revivir temores. No obstante, este pueblo aprendió. Ya sabe que el voto está encriptado, que no es secuencial, y que se desordena de manera aleatoria antes de grabarse en la memoria de la máquina. Así se programan las máquinas. 

Hacen eso y nada más que eso. Así lo certifica la firma digital de los especialistas de cada partido que se une a la de los técnicos del CNE para hacer este procedimiento automatizado inviolable. 

Los electores lo saben, por eso saldrán a votar masivamente y sin miedo. Y una advertencia a quienes quieren asustar a sus subordinados: puede terminar cachicamo trabajando para lapa. Probablemente el malandraje electoral aprenderá una nueva lección: los amenazados a lo mejor los castigan indignados, callada pero contundentemente porque saben que sólo Dios y ellos sabrán por quién votan.