VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
El 28 de abril de 2006 una Asamblea totalmente roja designó los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral. Entre los cinco elegimos a Tibisay Lucena como presidenta, y de la Junta Nacional Electoral, a Sandra Oblitas como presidente de la Comisión de Registro Electoral y a mí como presidente de la Comisión de Participación Política y Financiamiento. De los cinco, el único que no había estado vinculado previamente con la institución era yo.
El prestigio del CNE no estaba en su mejor momento. El retiro opositor de las parlamentarias había sido un duro revés para una imagen ya bastante maltrecha a raíz de los acontecimientos del referéndum revocatorio. En esas parlamentarias, casi 8 de cada 10 venezolanos desatendieron el llamado del CNE a votar. De las 10 elecciones organizadas hasta ese momento, desde el triunfo de Hugo Chávez en el 98, todas las había ganado el Gobierno. La disposición a votar en los sectores opositores era prácticamente inexistente. Los conflictos de poder se resuelven por las buenas o por las malas; con balas o con votos. Es preferible con los votos. Había que reconciliar a los venezolanos con el acto de votar.