EL NACIONAL
Opinión
VICENTE DÍAZ
Hablar con uno mismo siempre es más fácil. No tienes que congeniar con nadie más, ni preocuparte por lo que gusta o disgusta, o por necesidades y reclamos ajenos. Y por fácil es más peligroso.
Válido por momentos, su costumbre debilita la capacidad de interacción, la aventura de descubrir, de compartir. Anula el arte de la empatía y las capacidades de entender y aprender. No hay razones para cambiar ni necesidad de mejorar. Se termina regodeando en la autocomplacencia.
Acostumbrarse a cenar solo, hablar solo, disfrutar solo porque uno solo se siente a gusto con uno mismo, porque los demás incomodan, es camino seguro a la autodestrucción. En psicología termina en depresión y ojalá no en suicidio; en política en la implosión del poder, que es otra forma de suicidio.