VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
La batalla electoral entra en su fase final. Empiezan a aparecer los ases bajo la manga. El juego se hace más fuerte. Sube la tensión. Es el juego del poder. No es cualquier cosa. Cálculo y pasión marcan los movimientos. Esperanza, desencanto, interés, miedo o rabia motorizan las alineaciones. Los errores se pagan caro. En toda elección funciona así. En todo el planeta.
Pero en Venezuela la cosa no es tan fácil. Factores identificados con la oposición creen que puede haber fraude. Desde la otra acera hablan de guerra civil. Y hay quienes en ambos bloques piensan que del otro lado desconocerían su triunfo.