VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
En la Asamblea Nacional se discute una ley para proteger a los negros de su color. No soy negro, pero si lo fuera estaría orgulloso de serlo. Negro tiene fuerza, pasión, belleza, historia. Afrodescendiente es un tecnicismo insulso, bobalicón, vergonzante.
Propio de quienes prefieren el café americano endulzado con splenda en lugar de café cargado que sacude la modorra. Prefiero ser Negro Primero o Negra Matea que sus equivalencias afrodescendientes. Pero más allá del nombre, la realidad: en Venezuela hay discriminación. De muchos tipos.
Incluso racial. No tanta como en Cuba, donde los negros (y las mujeres) escasean en las cumbres del poder. Aquí nos basta ver los anuncios de TV, sin modelos negros. Las novelas, donde siempre se asimilan negritud y marginalidad. O la repugnante actitud de algunos bares y discotecas, que entienden la legítima reserva del derecho de admisión como el permiso para que no entren los "monos".
También hay discriminación contra la mujer, los homosexuales, las personas con discapacidad. Todas terribles. Todas condenables. Todas derivadas de la estupidez, ninguna resultado de políticas de Estado.
Pero hay otra discriminación peor. Horrorosa. Apocalíptica. La que se deriva del marxismo. La que supone que estamos en una guerra histórica con rivales enfrentados hasta el exterminio. Donde uno de ellos encarna la maldad, el egoísmo, la explotación. Y el otro, bueno, ya saben: la redención, el futuro, la fraternidad. El mal y el bien. Pero la batalla no es de dioses, sino de humanos. Con piel para desgarrar, huesos que romper, sangre por derramar.
Y el marxismo, cuando se hace Estado, alcanza la discriminación suprema. Conmigo, o traidor apátrida. Revolucionario o golpista. Me sigues o mueres: socialismo o muerte. Pero hay muchas formas de matar. No siempre la física es la peor.
Hay cosas que matan el alma. La humillación, una de ellas. Todavía decenas de personas acuden a retirar sus firmas, ocho años después del revocatorio, porque lo necesitan para poder tratar con alguna instancia estatal. A pesar del "entiérrese" presidencial, todavía la muy mal llamada lista Tascón (él publicó, no dio la orden de perseguir a los que aparecen en esa base de datos ), continúa haciendo estragos. La lista salió de las firmas. Los pillos dicen que de los votos. Malandros electorales, desde la jerarquía pública han amenazado a subordinados pidiendo el voto a fin de evitar consecuencias negativas. Mienten. El voto es secreto. Pero algunos les creen. Ganan un voto, matan un alma.
Ojalá que quienes levanten la mano para aprobar la ley antidiscriminación no la levanten para darles recursos a los cuadernos electrónicos, que en otro país pueden ser muy buenos, pero aquí, dados los antecedentes, aun a sabiendas de que no pueden revelar el voto de nadie, pueden ser usados para el chantaje y la amenaza de discriminación.
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