jueves, 15 de marzo de 2012

Mal arranque

VICENTE DÍAZ 
EL NACIONAL


El Presidente de la República en víspera de su viaje a Cuba para operarse realiza un acto de su partido en el teatro Teresa Carreño para adelantar el nombramiento del comando de su campaña electoral. 

En pleno acto, un acontecimiento insólito y sin precedentes: ¡convoca una cadena nacional; una cadena de radio y televisión para transmitir un acto electoral de un partido político! Ya en el pasado el jefe del Estado ha pasado por encima del ordenamiento jurídico nacional promoviendo su opción política y llamando a votar por sus partidarios y por sí mismo en actos oficiales en los que actúa como jefe del Estado. Por eso he solicitado en ocho oportunidades su penalización por parte del Consejo Nacional Electoral. Ninguna ha prosperado. 
Pero lo de esta ocasión es un giro dramático. Las intensas jornadas democráticas de 1999 que incluyeron referendos, elecciones, debate nacional y una inédita Asamblea Constituyente son desechadas como periódico viejo por el Presidente. Lo que hasta ahora podía parecer como un exceso, un abuso tal vez, un írsele la mano al mencionar sus candidatos o su partido en un acto oficial, se evidencia como un acto deliberado, premeditado, de violación de la carta magna. Un mensaje claro, aquí mando yo, por encima de mí, nada. 

Lejos quedó la contundente afirmación democrática de "dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada". Días sombríos para la República. 

Poco después Rafael Ramírez, presidente de Petróleos de Venezuela, en videoconferencia, les da instrucciones a los trabajadores de esa empresa del Estado venezolano para que se conviertan en parte de la campaña electoral; ratifica que Pdvsa es roja rojita y que se tiene que incorporar al esfuerzo electoral del Presidente. 

Ya este funcionario fue multado en el pasado por algo de mucha menor cuantía que esto. Su reincidencia agravada expresa la política señalada por la Presidencia de la República. 

Una política extremadamente peligrosa. Es la política del fin justifica los medios. No importa si me llevo por los cachos la institucionalidad, si me río en la cara del Consejo Nacional Electoral, si obligo a la Contraloría a emular al avestruz, si arrojo la Constitución y la ley al pote de la basura, con tal de ganar las elecciones. La búsqueda del fin, sin límites de ningún tipo. 

Una condición indispensable en cualquier elección en el mundo entero es que los contendientes corran en igualdad de condiciones. Aquí se perfila desde ya que la competencia será de un candidato contra el Estado nacional. 

Si no fuese por lo dramático para la democracia, causa un poco de gracia ver entonces a altos funcionarios públicos exigir que se reconozcan desde ya los resultados de las elecciones. Primero compórtense.

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