VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
Las elecciones podían ser juntas o separadas. Por Ley, las municipales no pueden ir con las nacionales. Podían ir con las regionales, pero hubiese sido una locura: las colas serían de kilómetros.
Los electores hubiesen tenido, en muchos casos, que emitir hasta 14 votos: uno por cada cargo a elegir. El peor retraso hubiese sido en el este de Caracas. Tendrían que emitir votos para gobernador, legisladores voto lista, legisladores voto nominal, alcalde metropolitano, concejal metropolitana lista, concejal metropolitano nominal, alcalde, concejal lista, concejal nominal. Y más donde la circunscripción es plurinominal. Resultado: retraso, colas enormes, abstención por cansancio.
Pero las presidenciales y regionales sí se podían pegar. Sí, pero pegadas rompe la sana tradición electoral de hacerlas separadas para que la gente evalúe y juzgue la gestión de los gobernadores en función de su propio desempeño, y no bajo el cobijo de las candidaturas presidenciales. Hay varios gobernadores que solos ni de casualidad repiten. Además, elecciones de gobernadores pegadas a presidenciales es un clavo más en el ataúd de la descentralización, viejo anhelo de alguno que por ahí anda. Lo más conveniente era separarlas, así se trabajó en las conversaciones preliminares. Así se logró. Entonces, unanimidad: todas por separado, tres elecciones.
Lo siguiente era en qué orden. Técnica y jurídicamente podían ser en cualquier orden. De mayor a menor o de menor a mayor, según la jerarquía de los cargos.
El primer orden significaba, por un lado, mantener al país concentrado en la campaña presidencial no oficial y ninguna atención a los problemas y ofertas electorales locales. Por el otro, dado que el único cargo que tiene fecha constitucional para asumir el poder es el de presidente, en enero del 2013, las primeras elecciones de la cadena, las de alcalde, hubiesen tenido que ser, mínimo, en julio, para hacer dejando un lapso de tres meses para repliegue, producción, auditoría y despliegue de la plataforma las de gobernadores en octubre y las presidenciales en diciembre. Ya pueden imaginarse los calificativos sobre una elección efectuada en julio a tan solo cuatro meses de las primarias. Y no se olvide: la mayor parte de las alcaldías están en municipios rurales. La conocida tendencia de ese voto podía ser utilizada como arma política en las elecciones presidenciales, donde el voto urbano priva. Entonces, unanimidad: orden decreciente, nacionales, regionales, locales.
Faltaba ponerles fecha. Si se trataba de hacerlas todas, como correspondía, en el año 2012, había que hacer la presidencial en julio, mínimo, para poder tener tiempo de gobernadores en octubre y alcaldes en diciembre. Hacerlas en julio hubiese sido una monstruosidad. Hubiese podido significar tener un presidente electo, de ganar la oposición, durante siete meses, con las implicaciones que todos pueden imaginar, y dejarle sólo cuatro meses de lapso después de las primarias para calentamiento, organización y campaña al vencedor de esos comicios. Había que correr toda la cadena de elecciones. Entonces, unanimidad: octubre, presidenciales; diciembre, regionales; abril, locales. Y locuras como marzo, mayo o julio fueron abortadas antes de nacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario