EL NACIONAL
VICENTE DÍAZ
Conocí a
Leopoldo multándolo. La Alcaldía que encabezaba había violado las normas de
campaña electoral. Presenté la violación en la Comisión de Participación
Política y Financiamiento del CNE, que me ha tocado presidir desde el año 2006.
Leopoldo me solicitó una audiencia para exponer su caso. Al final el Consejo
desestimó el caso y no fue sancionado.
En todos estos
años fue el único funcionario público que pidió ser escuchado por la Comisión
de Rectores encargados del tema. Lo conocí defendiendo sus derechos y
utilizando la vía institucional para hacerlo. Me pareció un joven político
apasionado por lo que hacía, y muy inteligente.
Leopoldo fue
objeto de ese procedimiento (cabe decir aquí que muchos funcionarios afectos al
gobierno también) y se le impidió postularse al cargo de Alcalde Metropolitano.
Defendí su derecho a postularse, y el de todos los que estaban en esa misma
condición. Fui testigo de su extraordinaria batalla por sus derechos, que no
era otra cosa que la defensa del cabal cumplimiento de la Constitución. Siempre
por la vía institucional sin dejar de comprender la dimensión política que
suponía la presión cívica en la calle y en los medios de comunicación.
Leopoldo cambió
de partido dos veces, supongo que buscando caminos. Finalmente decidió
capitalizar su trabajo político de años fundando su propio partido; también a
través de la Copafi. Voluntad Popular se inauguró de manera inédita: ha sido el
único partido que eligió su primera directiva mediante el voto popular con el
apoyo técnico y logístico del CNE. El PSUV lo ha hecho en varias oportunidades,
pero VP es el primero en hacerlo a la primera, siempre un riesgo para un
partido en pleno alumbramiento.
En todos estos
años nos hicimos amigos. Nos reunimos infinidad de veces, como lo he hecho con
innumerables jefes políticos a quienes he aprendido a respetar y en muchos
casos admirar. Reuniones para hablar de las garantías electorales, de los
derechos políticos de los venezolanos, de la pobreza, de la economía. De la
ruta electoral no como una opción sino como la única opción legítima, deseable
y viable para hacer vigente la alternabilidad política en el país.
Actualmente
Leopoldo está preso. Promovió una política en la calle, La Salida que, según su
propio manifiesto de lanzamiento, procura la sustitución del actual gobierno
por medio de la activación de mecanismos constitucionales, antes del
vencimiento de su período. No comparto esa política por varias razones: abre un
período de inestabilidad política que atenta contra el desarrollo económico y
potencia la pobreza, impide que el pueblo asuma a cabalidad las consecuencias
del proyecto político en el poder y, finalmente, porque todos los intentos de
hacer eso desde la caída de la dictadura han fracasado, con la sola excepción
del juicio a Carlos Andrés decidido por el propio bloque en el poder.
Pero La Salida
podía ser indeseable o inconveniente pero no era ilegal. Era un llamado
político a emprender acciones políticas en el marco de la Constitución, según
se desprende de cada proclama voceada por sus convocantes. Leopoldo fue
apresado a raíz de los acontecimientos en los que derivó una marcha para
protestar frente a la fiscalía. Esas marchas son rutina en cualquier país
democrático del mundo. Incluso el policía las protege, como ha sucedido
infinidad de veces en el país. Al final de esa marcha hubo acontecimientos
confusos, lamentables y violentos que culminaron con el asesinato de dos
jóvenes venezolanos, dirigentes sociales uno del chavismo y otro de la
oposición. Estos acontecimientos deben ser investigados y castigados los
responsables sean quienes sean. La violencia política hay que desterrarla de la
vida nacional.
Si esa
investigación debe incluir a Leopoldo, aún sin indicio alguno de inclinación
por acciones violentas de su parte, que así sea. Lo que es inaceptable es que
la investigación e incluso el juicio se hagan con Leopoldo recluido. Él es
inocente hasta que un juicio justo, independiente y donde tenga todas las
oportunidades de defenderse se lleve a cabo públicamente y frente al país, y lo
condene. Hasta tanto Leopoldo debe estar libre.
Las guarimbas y
demás actos violentos, así como la represión brutal e indiscriminada deben ser
condenadas por todos los venezolanos. 43 venezolanos perdieron la vida por la
represión o por acciones vinculadas a las propias guarimbas. Eso no puede
repetirse nunca más. Como tampoco deben repetirse jamás cuatros de febrero,
veintisietes de noviembre o doces de abril. Todos ellos acontecimientos de
violencia política lamentables y vergonzosos. Qué pena da ver venezolanos
reivindicando algunos de ellos.
Por cierto, el
protagonista de dos de ellos, que luego aprendió también que el único camino es
electoral, fue apresado y luego liberado por medida de gracia. Eso le permitió
a Hugo Chávez alcanzar la presidencia. A pesar de protagonizar la intentona
golpista más contundente y violenta de la historia venezolana, fue preso
respetándosele todos sus derechos. Al contrario de Leopoldo, nunca estuvo en
situación de aislamiento e incomunicación. Puedo dar fe del aislamiento de
Leopoldo porque yo mismo he hecho diversos esfuerzos para visitarlo. Todos
infructuosos.
Eso no está
bien. Es una violación de sus derechos humanos.
Leopoldo debe
ser liberado ya. Su juicio debe ser transparente, imparcial y público.
El presidente
Maduro tiene una historia personal de lucha en partidos que fueron víctimas de
la violencia de Estado y de la violación de los derechos humanos. En honor a
esa historia debería ser el primero en exigir que cese el aislamiento de
Leopoldo López y su inmediata liberación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario