VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
Por mera causalidad estaba en un kiosco de periódicos del este de Caracas (digamos Manzanares, para despistar) cuando una señora se me acerca y con gesto rotundo me echa en cara que en 2012 vamos a la confrontación final. Que yo no puedo seguir siendo tan blandengue. Y que la Venezuela pensante no aceptará mi complicidad con las vagabunderías del CNE si no dejo de lado el miedo y denuncio por televisión dónde está realmente el fraude.
Por supuesto que le dije que tomaría en consideración su señalamiento y le juré por mi madre que haría un esfuerzo para encontrar el coraje que tanto extrañaba en mí. Y me fui pensando...en la Venezuela pensante.
La Venezuela pensante supone otra, no pensante, diferente, inferior. Supone que el pensamiento es un privilegio. Tal vez un don.