VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
Por mera causalidad estaba en un kiosco de periódicos del este de Caracas (digamos Manzanares, para despistar) cuando una señora se me acerca y con gesto rotundo me echa en cara que en 2012 vamos a la confrontación final. Que yo no puedo seguir siendo tan blandengue. Y que la Venezuela pensante no aceptará mi complicidad con las vagabunderías del CNE si no dejo de lado el miedo y denuncio por televisión dónde está realmente el fraude.
Por supuesto que le dije que tomaría en consideración su señalamiento y le juré por mi madre que haría un esfuerzo para encontrar el coraje que tanto extrañaba en mí. Y me fui pensando...en la Venezuela pensante.
La Venezuela pensante supone otra, no pensante, diferente, inferior. Supone que el pensamiento es un privilegio. Tal vez un don.
Quienes se asumen pensantes miran con desdén a los no pensantes, a la chusma quizás.
Olvidan que muchos pensantes diseñaron la bomba atómica que evaporó a 80.000 japoneses en un segundo. Otros diseñaron eficientemente la solución final al "problema" judío alemán. Y otros pensantes acompañaron a Pinochet a desaparecer para siempre a miles de chilenos.
Y pensé en el Ku Klux Klan quemando cruces y ahorcando negros, porque eran inferiores a los blancos sureños. Y pensé en los negros hutus descuartizando a machetazos a un millón de negros tutsis en Ruanda porque eran tan inferiores que los llamaban cucarachas. Y pensé en Stuart Walker, quien hace apenas unos días fue masacrado a golpes y luego quemado vivo amarrado a un poste sólo porque era diferente, tan solo gay, en la muy civilizada Escocia. Y pensé en Pol Pot el presidente comunista de Camboya que aniquiló a millones de ciudadanos con el fin de construir al superior Hombre Nuevo Camboyano. Y pensé...
Los "pensantes" solo hablan entre sí, con quienes están a su mismo nivel. Esta discriminación intelectual y social no concibe que en realidad esa "chusma" piensa.
Y mucho. Se sorprenderían. Basta con escucharlos. Porque, señora, usted que tanto piensa no se ha dado cuenta que conocimiento y sabiduría no son lo mismo.
Que ese pueblo es más sabio de lo que usted cree. Y vota. Y su voto "no pensante" vale lo mismo que el pensante de usted. Pero ellos son más. Y cualquier cambio en el país sólo se producirá cuando la sabiduría de quienes usted cree no pensantes diga que es hora del cambio.
Señora, en lugar de desdeñarlos, enamórelos, conquístelos; pero sobre todo escúchelos. Usted aprenderá mucho y se hará mejor persona exorcizando el fascismo que mora en todo desprecio.
Según me han comentado altos dirigentes de la oposición, cuando ellos hablan de una Venezuela de inclusión piensan no sólo en la discriminación política propiciada por el Gobierno, sino también en la discriminación mental y social de muchos asiduos al kiosco que usted frecuenta.
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