jueves, 16 de febrero de 2012

¿La tortilla se voltea?

VICENTE DÍAZ 
EL NACIONAL


El 28 de abril de 2006 una Asamblea totalmente roja designó los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral. Entre los cinco elegimos a Tibisay Lucena como presidenta, y de la Junta Nacional Electoral, a Sandra Oblitas como presidente de la Comisión de Registro Electoral y a mí como presidente de la Comisión de Participación Política y Financiamiento. De los cinco, el único que no había estado vinculado previamente con la institución era yo. 

El prestigio del CNE no estaba en su mejor momento. El retiro opositor de las parlamentarias había sido un duro revés para una imagen ya bastante maltrecha a raíz de los acontecimientos del referéndum revocatorio. En esas parlamentarias, casi 8 de cada 10 venezolanos desatendieron el llamado del CNE a votar. De las 10 elecciones organizadas hasta ese momento, desde el triunfo de Hugo Chávez en el 98, todas las había ganado el Gobierno. La disposición a votar en los sectores opositores era prácticamente inexistente. Los conflictos de poder se resuelven por las buenas o por las malas; con balas o con votos. Es preferible con los votos. Había que reconciliar a los venezolanos con el acto de votar. 

Se hizo un inventario de riesgos y se desarrollaron garantías y contramedidas para fortalecer el sistema y aumentar la confianza. 

Hicimos reuniones con partidos, dirigentes, comunicadores, medios, candidatos y ciudadanos. Nos propusimos derrotar el temor a las máquinas de votación y las captahuellas. Se profundizó la depuración del RE. 

En diciembre de 2006 ganó de nuevo Chávez, pero la pulcritud y las garantías electorales posibilitaron el rápido reconocimiento de la derrota por Manuel Rosales, a pesar del ventajismo gubernamental. En noviembre de 2007, a poco más de un año de la designación, se produjo la primera derrota del Presidente en las urnas. 

El pueblo le impidió reformar la Constitución. El Partido Socialista Unidos de Venezuela solicitó que el CNE le organizara sus elecciones internas. En 2008 operamos para organizarle las primarias opositoras al Táchira. Ganó Pérez Vivas. Ese mismo año fueron las regionales. El oficialismo ganó la mayor parte de gobernaciones y alcaldías, pero la oposición ganó los principales estados y ciudades del país. En 2009, el Gobierno ganó la enmienda de la reelección, pero al siguiente año perdió la mayoría popular en unas elecciones parlamentarias, en las que por razones derivadas de la Ley de Procesos Electorales, principalmente, ganó la mayor cantidad de cargos sin contar con la mayoría de los votos. 

De las últimas cuatro elecciones, dos las ha ganado el Gobierno y dos la oposición. En todos estos procesos el secreto del voto y la voluntad popular han sido escrupulosamente respetados. Igual que en las primarias de este domingo, cuando la voluntad del pueblo opositor se expresó, y fue respetada y proclamada. 

Así lo planteo públicamente ante el surgimiento de cuestionamientos aventureros y de sentencias jurídicas de claro trasfondo político. Lejos han quedado los ataques opositores al CNE. ¿Será que la tortilla se voltea y empiezan los del Gobierno contra el árbitro?

No hay comentarios:

Publicar un comentario