jueves, 2 de febrero de 2012

"Maté a 255 personas y no me arrepiento"

VICENTE DÍAZ 
EL NACIONAL


I. 

En 1968 el teniente William "Rusty" Calley dirigió la toma de la aldea survietnamita de My Lai. Alegando cumplir órdenes arrasaron con la aldea, violaron mujeres y niñas, asesinaron entre 300 y 500 civiles. La cifra total nunca se sabrá. Fue el único condenado por la masacre de los 102 asesinados que reconoció el Ejército estadounidense. La sentencia fue a cadena perpetua. Le dieron casa por cárcel. Cumplió sólo 3 años. Nixon lo indultó. 

II. 

Una bala atraviesa limpiamente el cuerpo del iraquí. Cae muerto sin haber alcanzado a escuchar el disparo del fusil que a más de 2 kilómetros empuña Chris Kyle. 
Al verlo desplomarse, Kyle vuelve a respirar y contabiliza uno más para su récord de asesinatos a distancia. Está orgulloso de su labor durante la guerra de Irak. 

Dice que mató a 255 y que no se arrepiente. Durante 10 años el oficial del pelotón Charly, tercer grupo de la fuerza de élite estadounidense conocida como Navy Seals, se ganó la reputación de ser el francotirador más letal en toda la historia del grupo. "Me gustó lo que hice. Todavía me gusta". 

Oficialmente se le adjudican 150 víctimas, pero Kyle afirma que el número es mayor. "El número no es importante para mí. Me hubiese gustado haber matado más gente... Creo que el mundo es un lugar mejor sin salvajes que atenten contra la vida de estadounidenses". Pasado a retiro, Kyle fue contratado por el Ejército estadounidense para entrenar a otros para que hagan lo mismo. 

III. 

Las fotos de las torturas a los presos de la prisión iraquí de Abu Ghraib, por tropas estadounidense le dieron la vuelta al mundo. La indignación fue global. Fernando Botero se dedica febrilmente a pintar en sus lienzos gordos personajes transmutados en los reos humillados de esa cárcel. 

IV. 

El sargento Frank Wuterich dirigió un escuadrón de marines que en 2005 tomó la aldea de Haditha en Irak y durante 3 horas se dedicaron a ejecutar uno a uno a hombres, mujeres y niños. Represalia por una bomba que mató a uno de sus compañeros. 24 civiles asesinados, todos desarmados, ni un solo insurgente. Al sargento Wuterich lo llevaron a juicio. Al resto de los 8 acusados los absolvieron. Al sargento lo condenaron a 90 días de detención disciplinaria. A última hora negociaron un acuerdo, se le eximió de cumplir esa "condena". Su castigo sólo fue que lo degradaron a soldado raso. 

Final La absolución de Wuterich se acaba de producir. Los crímenes de guerra son crímenes. Así están concebidos en el derecho internacional. Y más importante: en los valores que encarna Occidente. Es inconcebible que el Estado norteamericano aliente estas atrocidades. La omisión de un castigo ejemplarizante manda el mensaje de que sus tropas tienen patente para arrasar sin mayores consecuencias. No puede ser que la lucha por democracia, libertad y derechos humanos, principales valores de Occidente, suponga tolerar esas monstruosidades.

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