VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
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Quien se abstiene pierde. Así ha sido, así será.
Durante varios años en la década de los noventa, el actual presidente promovió activamente la abstención como estrategia política. Mientras lo hizo, no avanzó. Apenas cambió y optó por el camino electoral, su movimiento despegó con mucho arrastre popular.
En 2005, la mayoría de la dirigencia opositora decidió abstenerse. Se argumentaron razones múltiples. Las de fondo, las garantías electorales no eran percibidas como suficientes y se esperaba erosionar la legitimidad de origen del Gobierno nacional.
El resultado, un parlamento ciento por ciento controlado por el Gobierno, que a su vez nombró el resto de los poderes públicos nacionales. En 2006, la candidatura de Manuel Rosales fue afectada por el llamado a la abstención de una parte del espectro político, que no creía que los avances en las garantías electorales alcanzados podrían contrarrestar alguna eventual intención de alteración de resultados.
En 2007, en ocasión del referendo de la reforma, el Gobierno perdió la contienda por la importante abstención que se verificó entre sus filas.
La estrategia de sus adversarios de estimular el miedo a ese proyecto, resaltando peligros a la propiedad privada, derivó en poca afluencia de electores a los centros de votación usualmente dominados por el chavismo.
Ahora, frente a unas nuevas elecciones parlamentarias, pareciera que el fantasma de la abstención vuelve a gravitar en las consideraciones electorales. Ya nadie llama a no votar, pero ambos intentarán que los otros no concurran el 26S. El peligro para el chavismo surgirá de una campaña opositora que aproveche numerosos problemas de calidad de vida para potenciar la abstención castigo; que fomente el miedo que genera un proyecto marxista en materia de propiedad, pluralismo y libertad; y que saque partido de la indisposición de algunos alcaldes y gobernadores chavistas a movilizar el voto ante una eventual amenaza de las comunas a su autoridad.
Ante esto, el bloque oficial se concentrará en sus propias filas por considerar que si todo el chavismo vota, podrían alzarse con el triunfo. Dados los vínculos afectivos con el Presidente, buscarán la cohesión emocional de sus bases recurriendo al miedo: "Vienen por mí" ¡El comandante está en peligro! Por eso, la polarización extrema, el resurgimiento de los "peligros que acechan a la patria" El principal peligro para la oposición estará en una velada campaña oficialista orientada a relanzar la matriz de fraude, para que resurja el "no vale la pena votar porque igual me robarán el voto". Quien se abstenga pierde. A votar.
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