VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
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El 26 de septiembre nos mandó un mensaje claro y diáfano. Venezuela es un país plural. El pueblo no quiere demoliciones; ni demoledores ni demolidos. Así lo interpreto.
El pueblo quiere que existan todos. Que existan los que apoyan al Presidente, y que existan quienes le adversan. El pueblo, con su intuición y sabiduría... dijo que tal vez le guste el socialismo por su promesa de justicia social y redención de los más débiles, pero no tanto como para olvidar los terribles costos en burocratismo, ineficiencia y falta de libertad que la humanidad ha tenido que pagar donde quiera que el socialismo marxista ha tratado de erigir su utopía.
...O más bien nos dijo que tal vez no le disgusta nuestra sociedad capitalista, que promueve y recompensa el esfuerzo individual e impulsa la economía y la movilidad social, pero no tanto como para olvidarnos que hizo a los pobres tan invisibles que ignoramos que aquí mismo, en Caracas, muere gente por no poder pagar una medicina; o que hay gente que nunca ha bajado del cerro porque no tiene una silla de ruedas; o que hay quienes le dan agua caliente de cena a sus niños para trampear al hambre.
El pueblo dijo que este país requiere con urgencia un horizonte claro hacia dónde empujar todos. Es imposible el avance hacia el socialismo con la mitad del país haciendo peso para impedirlo. Tampoco hay forma de instaurar un capitalismo liberal, con un vasto movimiento político como el chavismo, remando en dirección opuesta.
Nadie tiene la fuerza suficiente para imponerse. Intentarlo es propiciar un desenlace indeseable para todos los contendientes. El país levantó su voz y le dijo a la clase política que no quiere caminos extremos, que no quiere soluciones radicales. Que quiere encontrar un camino propio que combine lo mejor de la experiencia de la humanidad; libertad individual y solidaridad, productividad económica y equidad social, competencia y colaboración. Es tan absurdo aspirar a que los intereses individuales se supediten a los colectivos, como que los colectivos se subordinen a los individuales. Somos individuos y somos especie. Somos la cúspide de la evolución, tenemos millones de años de experiencia biológica enseñándonos que la especie humana y el individuo humano son dos caras de una sola moneda. Imposibles el uno sin el otro.
Todo proyecto político que separe lo individual y lo colectivo además de inviable termina haciéndole la cama a salidas totalitarias. El pueblo habló... paremos la oreja.
El país reclama diálogo, duro, firme, aguerrido. Pero diálogo.
Para buscar caminos. A lo mejor hablando nos damos cuenta de que las diferencias de cerca se ven menos diferentes que desde la distancia.
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