jueves, 25 de noviembre de 2010

Politicismo

VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL

vicented@cantv.net

El politicismo es tan criminal como el economicismo. Reducir el mundo sólo a lo económico es un crimen. Todo es costo y beneficio, oferta y demanda. Si es rentable, es bueno y bello; si no, es espantoso. Corrompe el arte y el sexo, la amistad y la academia, el deporte y la ciencia; todo. Deshumaniza. Conduce a relaciones instrumentales y utilitarias con los demás, con la naturaleza y con uno mismo.

El politicismo cree que todo es política; que en todo lo humano subyace una lucha de poderes, de intereses.



Para el marxismo, política es la batalla entre los intereses de las clases dominantes y las dominadas, entre burguesía y proletariado.

Para el politicismo marxista toda acción humana representa intereses de clase. Para dejar claro cuáles intereses representan, le pone apellido a cada cosa. El arte ya nos es arte, ahora es burgués o es proletario; ciencia burguesa o proletaria, deporte burgués o proletario, amor burgués o amor proletario... O usan eufemismos tácticos: revolucionario, comunal, popular, socialista, bolivariano, antiimperialista.

Las empresas ya no son tan sólo empresas, son empresas socialistas. Al igual que el Metro, el arroz o las areperas, ahora también socialistas.

Los ministerios, son del poder popular; FAN y universidad, como el país mismo, ahora son bolivarianos...

Habría, así, gerencia socialista y gerencia burguesa. La gerencia socialista prioriza los intereses estratégicos de la revolución sobre resultados cortoplacistas de intereses reivindicativos. Es tan (¿o más?) importante la capacitación ideológica, para la batalla política, que tapar huecos o recoger basura. Un mal gerente revolucionario es preferible a un excelente gerente no comprometido con el proyecto.

Para el politicismo gerencial es más importante la lealtad ideológica que el talento y la eficacia. Es preferible dejar de hacer, que hacer con quienes representan lo que se odia.

Recoger algo de basura con cooperativas comprometidas es preferible que recogerla toda con privados que se lucran del desperdicio.

Y mientras tanto...

El caos se desparrama. Nos inunda. La CVG, en bancarrota; petrocasas, paralizadas; la fábrica de pañales, desaparecida en acción; Pdval, en terapia; el Metro, colapsado; la electricidad, en emergencia; el tráfico, imposible; el hampa, desbordada; busetas y motorizados, a su antojo; viviendas, bien, gracias; cárceles, hospitales, calles. Todo. Todo parece afectado por una gestión politizada al extremo que termina viendo fantasmas y acechanzas por todas partes, gastando más energía en "defenderse" que en gestionar con eficacia y eficiencia los servicios, funciones y competencias a su cargo.

La politización extrema, el politicismo, es un crimen. Todo crimen tiene un castigo. A veces, en forma de suicidio. 

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