viernes, 28 de octubre de 2011

La batalla es por la mente

Vicente Díaz 

Hace 411 años fue ejecutado Giordano Bruno, su delito: pensar distinto; se atrevió a decir que el sol no era el centro del universo. Con él, el Sol que ya había dejado de ser Dios, era degradado a una estrella más. Demasiada realidad para las creencias dominantes. Lo quemaron vivo. 

Murió por pensar distinto. Nunca le hizo daño a nadie. Pero era un peligro. Sus asesinos lo sabían. Sus ideas desafiaron al pensamiento dominante. Cambiaron al mundo. 

El pensamiento es poderoso porque genera conducta. Un empleado que piensa que lo van a despedir descuida el trabajo porque se enfoca en buscar un nuevo empleo. Un matrimonio se vuelve un infierno si uno de los cónyuges se piensa traicionado. 

Las sociedades desarrollan ideas que se hacen dominantes a través de su difusión por familia, escuela y medios de comunicación. 

Las ideas dominantes en el país hasta hace diez años tenían que ver con mérito, derecho a la propiedad, deseo de progreso, competitividad. La sociedad no operaba con esos valores. Clientelismo y corrupción les habían reducido a valores más aspiracionales que conductuales. Eran el deber ser. 

Pero no se puede construir una sociedad con las ideas y valores de la que se va a destruir. Por eso había que imponer un nuevo sistema de ideas. 

Y existen solo dos formas de ganar la batalla del pensamiento. 

La primera difícil, ardua; pero duradera: la demostración. Si las ideas socialistas son mejores que las capitalistas, por ejemplo, entonces las empresas socialistas deberían ser mejores que las otras; los canales de TV socialistas deberían tener mejor programación y ratings que los otros; los hospitales deberían funcionar mejor que las clínicas; los Venirautos deberían ser mejores que los Toyotas; los médicos bolivarianos deberían tener mayor acierto que los otros. La gente poco a poco se iría convenciendo y Venezuela se convertiría en un faro de luz que atraería a los pueblos del mundo 

Pero cuando la demostración no es fácil porque las ideas no funcionan como se esperaba, hay que utilizar el otro camino: la fuerza. Se cierran canales y emisoras, se apresan o persiguen editores, se detiene gente por opinar, se reduce la vigencia de las concesiones, se induce la salida de comunicadores incómodos, se niegan los anuncios oficiales. Un clima de temor se va instalando. La sobrevivencia induce a los medios a ser su propio carcelero. Revisa, elimina, recorta, excluye. Se entiende. 

Pero están los otros. Los irreductibles. Los que aguantan. Se les multa hasta la asfixia. Porque quebrar es más barato que clausurar. 

Son los que saben que la batalla no es en la calle sino en la mente. 

Son los que dicen al ser castigados lo que dijo Giordano Bruno frente a sus inquisidores..."tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla" 

Mis saludos y mis respetos a la gente de Globovisión y los cientos que como ellos se nos han hecho indispensables. 

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