jueves, 28 de abril de 2011

Pura paja

VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL

vicented@cantv.net

El Gobierno politiza todo, ideologiza todo. El Presidente plantea todo de manera maniquea, como un conflicto entre el bien y el mal. El bien lo representa el socialismo, la revolución y, más aún, su encarnación: él mismo.

El mal, obvio, es el capitalismo, el imperio y, no faltaba más, sus lacayos representados por la oposición apátrida.

Los desprevenidos podrían asumir esto como un discurso frente al país con el objetivo de polarizar, justificar sus acciones y tener chivos expiatorios para todo lo que no salga bien.



Así, la inflación no sería resultado de la escasa competencia y baja productividad nacional, sino de la especulación de los oligarcas. La escasez de vivienda no es el resultado de la incapacidad del Gobierno de construirlas y el desestímulo al sector privado para invertir, sino derivada de unas mafias estafadoras. La caída de la economía es culpa de la crisis eléctrica y ésta se derivó de la sequía sin precedentes originada por el calentamiento global que a su vez es producido por la voracidad capitalista que estimula el consumismo banal y egoísta (¡uff!).

Y así el cuento puede seguir hasta el infinito. Siempre hay un culpable: los otros, los malos, la oposición golpista y sus amos del norte imperial.

Como discurso político es útil; con su indiscutible talento de vendedor de sueños logra poner lo malo de la gestión como una razón más para avanzar al socialismo, que seguro nos libera de todos esos males.

El problema es que no es sólo un discurso: ¡se lo cree(n)! Juran que la CIA y la oposición se reúnen a cada rato para planificar cómo sabotear el Metro, poner a las enfermeras en huelga o regar basura por la calle. Y actúan en consecuencia.

En lugar de técnicos especialistas en cada materia pone revolucionarios leales y combativos, dispuestos a morir por la revolución y cantar acompasados La Internacional, pero incapaces de tapar los huecos, apresar a los malandros, construir casas o impedir los apagones.

El pueblo a lo mejor está dispuesto a esperar decenas o centenas de años a ver si, por fin, el socialismo demuestra en alguna parte del planeta que es superior al capitalismo. Pero sólo esperará si tiene agua en su grifo, si no le matan por un teléfono, si la plata le rinde en el mercado, si puede ver el programa que quiere en la televisión, si la basura no le impide el paso por el callejón, si el anciano puede comprar la pastilla para la diabetes. Mientras se siga creyendo que el discurso y la retórica reemplazan la efectividad y la eficiencia se estará acercando al momento en que su propia gente lo mirará con desdén pensando: ahí va otra vez, pura paja...

En ese momento la magia habrá desaparecido. 

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