VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
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Una estrategia correcta pasa por un diagnóstico correcto. La mayoría de los venezolanos son pobres. Algunos, inhumanamente pobres. La pobreza es terrible. La mayor parte de los asesinados por el hampa son pobres. Sus asesinos también. La vida es cada día más cara, para los pobres es más cara todavía. El agua y la luz a veces nos falta, a los pobres a veces les viene. Los pobres tienen que cargar a lomo, cuesta arriba, la bombona, el mercado, los enfermos, el niño, el anciano. El pobre en la madrugada no tiene transporte, tampoco auxilio.
La fiebre o la convulsión tienen que aguardar por la ruta troncal que sólo la mañana trae de vuelta.
Pero los pobres luego de 12 años siguen con Chávez. Entender por qué es una condición para la consolidación de alternativas políticas viables. Chávez le ha dado a los más humildes algo que vale más que cualquier cosa material: sentido de pertenencia. El sentimiento más poderoso. En la historia por defender a lo que pertenecemos hemos muerto y hemos matado.
A los pobres se les había vendido la idea absurda y discriminatoria de que eran pobres por falta de esfuerzo, por no estudiar, por flojos; por culpa de ellos y sólo de ellos. Se les había mercadeado una perniciosa creencia que los inculpaba y condenaba. Chávez les vendió lo contrario, los exculpó. Les ofreció la idea redentora, e igual de perniciosa, de que eran pobres porque alguien les robó lo que les pertenecía por derecho propio. Ya la culpa no era de ellos sino de los ricos.
Chávez también los presentó en sociedad. Les dio identidad, habló en su lenguaje, con sus códigos, con sus chistes, con sus gestos y expresiones. Les escuchó, les atendió, les consultó. Les hizo sentir importantes, les hizo sentirse parte de algo, incluidos en algo, opinando sobre algo.
Les mostró que se interesaba en los más débiles: entre propietarios e inquilinos optó por inquilinos, entre comerciantes y consumidores, optó por consumidores; entre terratenientes y campesinos, optó por campesinos; entre patronos y obreros, optó por los obreros.
Enfocado sin dudarlo en su mercado político les acercó la comida con Mercal, la salud con Barrio Adentro, la educación con las misiones Robinson y Sucre, el transporte con el Metro Cable, la comunicación con infocentros, vergatarios y radios comunitarias. Funcionen o no, demuestran su interés. Por eso critican y exigen, pero no le abandonan... por ahora.
Pensar que problemas puntuales de eficacia y gestión son suficientes para romper con el poderoso nexo afectivo derivado del sentido de pertenencia, es no entender nada. Una alternativa política pasa por escuchar y dar poder a quienes más lo necesitan.
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