EL NACIONAL
VICENTE DÍAZ
Estoy viendo la extraordinaria serie
Juego de Tronos de HBO. La trama, desarrollada en un mundo de fantasía, se
centra en los muy terrícolas conflictos del poder. Infinidad de personajes se
mueven en torno al Trono de Hierro, máximo símbolo del poder. Unos para
sentarse en él. Otros para servirse de él. Muy pocos para ponerlo al servicio
de una población de desamparados.VICENTE DÍAZ
La trama ilustra mientras entretiene.
Ilustra sobre una etapa superada en buena parte del planeta, cuando los
conflictos del poder se resolvían por intrigas palaciegas, y del ejercicio de
la violencia mediante la espada.
El pueblo venezolano desde que hay
elecciones ha decidido darle la espalda a la violencia, ha optado por los
votos. Y le ha funcionado: ha respaldado
gobiernos con su voto y también los ha removido. El día que dejen de hablar los
votos, hablarán las balas.
Los votos hablarán mientras haya ruta
electoral para drenar los conflictos del poder. La ruta electoral se comporta
como las arterias del cuerpo. Pasan la sangre mientras estén despejadas.
Aguantan los abusos de comilonas, tragos y cigarrillos. Aguantan durante años.
Pero quedan secuelas. Placas de grasa y calcio se acumulan calladamente; hasta
que, sin previo aviso, sobreviene la violencia. Solo los afortunados sobreviven
al infarto.
Así pasa con la ruta electoral. El
ventajismo la ataca, ella sobrevive. Año tras año. Pero se resiente, acumula
secuelas. Hasta que, sin previo aviso, la gente deje de creer en el voto; es
entonces cuando amenaza la violencia.
Ventajismo es jugar con ventaja. En
otros países cuando asoma la cabeza se arma un escándalo, se enjuician
funcionarios, se modifican leyes. Aquí se institucionaliza, el ventajismo se
convierte en política de Estado.
Eso acaba de hacer el TSJ al
establecer que los militares pueden participar en actos de proselitismo
político, desechando por completo la Constitución.
Eso se suma al escandaloso uso del
músculo del Estado con fines electorales. Y no solo estoy hablando de lo visible:
cadenas, medios públicos, minutos libres de ley. Tampoco hablo solamente del
uso de los recursos que han puesto el gasto público al servicio del objetivo de
ganar las elecciones y cuyas consecuencias se pagan después. Hablo de aviones
que no les permiten volar, hablo de medios de comunicación que el miedo los
vuelve censores, hablo de juicios, de control institucional, hablo de cierre de
consulados.
También hablo de persecución, hablo de
hostigamiento. Hablo de miedo. Hay que ser muy valiente para ser candidato o
líder opositor en Venezuela.
El ventajismo, el marcado
desequilibrio en el ecosistema electoral, es el núcleo del problema. Me
sorprendió mucho la fuerte receptividad inicial que tuvo en la población
opositora la propuesta de La Salida, mucha gente entendió, aun cuando sus
convocantes fueron muy claros sobre su carácter pacífico y constitucional, que
era una vía expedita para cambiar el gobierno. Una receptividad de esa
naturaleza puede estar asociada a un descreimiento en la efectividad de la ruta
electoral como mecanismo para resolver los conflictos del poder. De ser cierto
esto equivale a un dolor de pecho cuando se está subiendo la escalera. Sería un
aldabonazo, una alerta temprana; puede significar algo serio. Algo grave. Hay
que saber leerlo, tanto gobierno como oposición. A diferencia de en Juegos de
Tronos, ahora hay balas.
Una ruta electoral despejada, un
reequilibrio del sistema electoral mantiene viva la confianza en el voto e
impide la sensación de impotencia que puede derivar en conflicto indeseado e
indeseable. Nuestra crisis, incluso la económica, es a fin de cuenta una crisis
electoral. Ese es el núcleo del problema. También debe ser el núcleo de la
política.
@vicentedz
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