VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
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Los marxistas asumen que el hombre es bueno por naturaleza, que sus malas acciones son inoculadas por la sociedad. El egoísmo, por ejemplo, es un veneno originado por las relaciones codiciosas y competitivas que genera el capitalismo.
La forma como el hombre produce terminaría determinando la forma como piensa. Sólo es posible desterrar el individualismo acabando con la sociedad que lo genera.
Todos los gobiernos marxistas (y también los fascistas, qué curioso), se han propuesto crear un hombre nuevo, un nuevo tipo de ser humano; esencialmente bueno, con conciencia del deber social, dedicado activamente a trabajar por el bien común.
Para lograr esto, los gobiernos marxistas de los países socialistas trabajan en dos direcciones: desmantelar las perversas relaciones de producción (explotación) capitalista, que generan y reproducen la ambición y el egoísmo, por una parte; y, por la otra, reeducar a la población existente para que desaprenda la lógica y ética capitalista y la sustituya por los superiores esquemas del bien común, del Estado comunal, transición inevitable para llegar a la sociedad sin clases, donde reinaría para siempre la felicidad.
Esos gobiernos empiezan entonces a acorralar las relaciones capitalistas de producción. Las leyes, los discursos, las acciones, todo se diseña para acabar con la propiedad privada de los medios de producción (empresas, tierra y dinero). La colectivización de la producción colectivizaría la conciencia.
Pero, no basta colectivizar la economía. Los valores y la lógica del viejo régimen se reproducirán en los nuevos niños porque su conciencia es moldeada por los medios de comunicación, la escuela y la familia. Si no se controlan y transforman, todo el trabajo se habrá perdido. No tendría sentido nacionalizar y colectivizar empresas si el germen del individualismo sobrevive y se esparce mediante: los programas educativos, hay que tener una educación socialista; los medios de comunicación, hay que lograr la hegemonía comunicacional; la familia, hay que hacer una revolución cultural basada en el trabajo voluntario y la conciencia del deber social.
Y así, poco a poco, la búsqueda del hombre nuevo va acabando con la empresa privada, con la diversidad de medios de comunicación, con el pluralismo político e ideológico, con el derecho de la familia a educar sus hijos de acuerdo con sus creencias y valores.
Cargada de "buenas" intenciones la búsqueda del humano ideal, perfecto, va dejando a la sociedad, al individuo, a la familia sin opciones para escoger, sin libertad. El sueño deriva, siempre, en pesadilla. El hombre nuevo se hace total. Todo debe ser controlado para lograr el objetivo. Lo que se oponga es enemigo de la historia. Así es como se va hacia el totalitarismo.
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