jueves, 31 de marzo de 2011

Izquierda derechista

VICENTE DÍAZ
EL NACIONAL
vicented@cantv.net 

Continuar dividiendo el espectro político entre izquierda y derecha parece obsoleto y maniqueo. Pero la realidad manda. Desde la llegada al poder del presidente Chávez, la polarización extrema nos ha regresado a los viejos códigos del lenguaje político. 

La izquierda es culturalmente más atractiva. Supone irreverencia, rebeldía, compromiso con las mejores causas: libertad, igualdad social y de género, justicia social, derechos humanos. Supone creer en el respeto por los equilibrios ecológicos, en la opción preferencial por los más débiles. 


La izquierda tiene poderosos referentes culturales, íconos que atrapan la imaginación y seducen a los más jóvenes. La mítica imagen del Che, la poesía de Neruda, la música de Mercedes Sosa, Bob Dylan o Alí Primera, el Mayo Francés, las ideas de Marcuse, el movimiento antiguerra de Vietnam, la triunfante Revolución Cubana, el discurso de "yo tengo un sueño" de Martin Luther King, son sólo parte pequeña de la infinidad de referentes culturales que atraen hacia el polo de la izquierda. 

Jamás la derecha tendrá un repertorio semejante. Nadie le cantará nunca a los negocios, a la libre empresa, a la meritocracia, al papel de la familia en la educación, a la iniciativa individual, a la productividad, a la eficiencia. Nada de eso suena romántico, nada de eso suena a una causa. 

Pero algo pasa con la izquierda más de izquierda, la izquierda marxista. Una vez llega al poder, se vuelve conservadora, se niega al cambio, se hace personalista. Una vez en el poder, se proponen como único objetivo quedarse allí. 

Es el caso de la dinastía de los Castro, en Cuba, 52 años en el poder; del Partido Comunista chino, más de 60 años en el poder; de Gadafi, 40 años en el poder; de la dinastía Kim, en Corea del Norte, 50 años en el poder. Y todos ellos, para mantenerse, han eliminado la prensa independiente, adoctrinado a los niños en las escuelas, neutralizado a la oposición, con acciones que incluyen persecución, inhabilitación, prisión o asesinato; han suprimido los otros partidos políticos. Estos regímenes les temen a sus propios pueblos, por eso no van nunca a elecciones o, incluso, acaban exterminándolo, como es el caso de Pol Pot y sus milicias rojas que masacraron a más de 3 millones de camboyanos. El temor a su propio pueblo ha sido tan grande que centraron sus respectivas "revoluciones" en el culto al líder, sin el líder la revolución fracasaría, el pueblo inocente volvería a ser engañado al perder la iluminada conducción del gran timonel. 

Gracias a Dios, la mayor parte de los poetas y cantores dejaron de cantarles cuando, al dejar de creer en el cambio, se atrincheraron en el poder. Otra izquierda es posible, Lula mostró el camino. 

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