jueves, 3 de marzo de 2011

Viva Libia

VICENTE DÍAZ 
EL NACIONAL

vicented@cantv.net 

Tener 42 años en el poder, preparar a uno de los hijos como reemplazo, no medirse en elecciones, reprimir a sangre y fuego a su propio pueblo, eso es ser dictador. Gadafi es un dictador, punto. 

Es legítimo el derecho del pueblo libio de insurgir en su contra. Es legítima toda ayuda que se le brinde.
 
Estados Unidos ha impulsado severas sanciones contra Libia: denegación de visas, congelamiento de activos, boicot comercial y eventuales acciones militares como un despeje aéreo y envío de tropas. Sin embargo: ¿son también legítimas estas acciones?, ¿se toman para apoyar un levantamiento popular en contra de un presidente autoperpetuado en el poder?, ¿porque el hombre es un tirano?, ¿son para evitar que continúe una matazón? Si son para apoyar una legítima insurrección, por qué no se tomaron para respaldar las protestas contra Mubarak que tenía 30 años en el poder, pero a diferencia de Gadafi era un firme aliado de Occidente. O si el tipo es un tirano (que lo es), por qué le daban visa y mantenían relaciones diplomáticas y comerciales con su régimen, por qué le albergaban la enorme fortuna que ahora le congelan, por qué no le aplican las mismas medidas al Gobierno de Arabia Saudita que jamás ha hecho elecciones y no respeta los derechos humanos, pero ha estado alineado con Occidente. Y si es para evitar la represión a su propio pueblo, por qué no se le ha aplicado el mismo tratamiento al Gobierno chino que reprimió brutalmente las protestas en Tiananmen y en el Tíbet, pero que es el mercado más grande del planeta. 

Respaldar la insurgencia legítima contra Gadafi no puede significar una alineación automática con la línea de acción de Estados Unidos y sus aliados. Ellos tienen sus objetivos e intereses. 

El Gobierno venezolano, entre tanto, ha hecho una propuesta que parece seria: crear un grupo de países amigos de Libia que viaje a ese país y, conversando con gobierno y oposición, intente encontrar una salida negociada. 

También ha mantenido su declaración de afecto por el acorralado líder, sin hacerse solidario con sus acciones represivas. 

Todo muy sensato, salvo por una cosa: el pueblo libio. Gadafi dejó a su pueblo sin opciones, en nombre de la Revolución verde y el socialismo árabe, ya van 42 años sin alternancia en el poder. 

En su camino a la ancianidad se reserva para sí la soberanía; alegando en declaraciones públicas que el pueblo lo ama, se ha asumido con el derecho de preparar a su hijo Saif al Islam como su sucesor. La dinastía parece ser ahora la fase superior del socialismo. 

La propuesta venezolana debe ir acompañada sin titubeo de una exigencia de elecciones libres y democráticas (de verdad); si no, puede confundirse con un salvavidas (inútil) de última hora para un dictador acorralado. 


Viva Libia.

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